18 septiembre 2013

RINDE TU VOLUNTAD A DIOS


a) Nuestra prioridad debe ser el deseo del Padre
      En su humanidad, Jesús, expresa el deseo de no tener que beber la copa que el cielo le ponía delante (la cruz). El texto dice que “se postró” indicándonos su humillación y sometimiento a la voluntad del Padre: “pero no sea como yo quiero, sino como tú”.

La naturaleza de Adán nos impulsa a hacer nuestra propia voluntad, pero ahora Cristo, el postrer Adán ha venido a vivir en nosotros para que hagamos Su voluntad, sin embargo la mayoría de las veces preferimos nuestra propia voluntad, pues es más fácil no entrar en nuestro propio Getsemaní, porque eso implica morir a nuestros deseos, implica dolor tal vez, implica quizá oír lo que nuestros oídos no quieren escuchar… No siempre Dios nos dice lo que queremos escuchar…

b) Ora hasta alcanzar el testimonio de la respuesta en tu espíritu,
Cuando Jesús terminó de orar la tercera vez, habló con seguridad y fortaleza acerca del momento que tenía que enfrentar, Estaba seguro de la voluntad del Padre, y de sus promesas, como el Salmos 16:10 “Porque no dejarás mi alma en el Seol, ni permitirás que tu santo vea corrupción”, así que estaba seguro que al tercer día el Padre lo levantaría de los muertos en poder y gloria.

Como Elías quien se agachó en tierra y puso su rostro entre las rodillas, siete veces, Elías lo hizo siete veces, y a la séptima vez, el cielo dio lluvia y la tierra produjo su fruto”. No abandonemos la oración, hasta que alcancemos la respuesta de Dios.

c) El Padre no quitó la cruz, pero le dio la fortaleza para enfrentarla.
El evangelio de Lucas nos añade que “se le apareció un ángel del cielo para fortalecerle”, o para “recobrar fuerzas”, con su inmenso poder el Padre no anuló la cruz, sino que le envió fortaleza para vencer lo que estaba por delante.

Podemos recordar también lo que dice el Salmos 91: “Con él estaré yo en la angustia”, así que seguro habrán momentos difíciles que vivir, pero Dios promete que estará con nosotros y veremos su salvación. Dios con su poder pudo haber sacado a Daniel del foso de los leones, pero le permitió pasar la noche allí, protegido por el ángel del Señor, y la gloria para Dios y la honra para Daniel, vino en la mañana.

Las oraciones de éxito, no son aquellas que logran lo que queremos, en el tiempo que programamos, sino las que alcanzan respuestas que glorifican a Dios.

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